En una triste tarde lluviosa,
cuando el cielo anhelaba la noche
y las aves perecían por tristeza,
recibí una llamada melancólica...
y con ella, una noticia catastrófica.
Mientras tanto,
en un hospital, una familia lloraba.
Mientras pidiéndole a Dios
por la vida de Karla,
esperaban las noticias del médico.
Cuando por fin pude ver a Karla,
la encontré agonizando sobre aquella cama.
Tomándola entre mis brazos,
le pedí que no se fuera....
¡Karla, no te vayas por favor!
Pero a pesar de tanto rogarla
y pedirle que no se fuera,
¡Ella me dio su último adiós!
